¿Por qué hay adolescentes viviendo en anexos en México?
En México hay adolescentes viviendo en lugares que conocemos comúnmente como anexos.
Algunos están ahí porque consumen sustancias y sus familias buscaron un lugar para atenderlos. Otros llegaron porque vivían situaciones de violencia, abandono o porque sus familias ya no podían hacerse cargo de ellos.
Y algunos ni siquiera tienen una adicción.
Esto último fue algo que encontramos desde PANDORA cuando, a través de nuestro programa Semillas de Paz, comenzamos a trabajar con adolescentes que actualmente viven en uno de estos espacios.
Sus historias son muy distintas.
Hay quienes necesitan atención por consumo de sustancias. Hay quienes necesitan volver a la escuela. Hay quienes necesitan atención psicológica. Hay quienes necesitan una red familiar que pueda cuidarlos. Hay quienes han vivido violencia. Hay quienes necesitan varias de estas cosas al mismo tiempo.
Pero todos terminaron en el mismo lugar.
Y eso nos hizo hacernos una pregunta mucho más grande:
¿Dónde ponemos a las adolescencias cuando no sabemos qué hacer con ellas?
Los anexos son espacios que reciben a personas con problemas relacionados con el consumo de sustancias. En México hay centros con modelos, condiciones y niveles de profesionalización muy diferentes.
Pero una persona adolescente no tiene las mismas necesidades que una persona adulta.
Parece obvio, pero importa decirlo.
Un adolescente necesita ir a la escuela. Necesita convivir con personas de su edad. Necesita espacios de recreación. Necesita privacidad. Necesita atención médica y psicológica adecuada para su edad. Necesita mantener vínculos importantes para su vida. Necesita que alguien escuche lo que quiere y lo que siente.
Y necesita saber qué va a pasar después.
Incluso cuando un adolescente sí tiene un problema de consumo de sustancias, la respuesta no puede consistir simplemente en ingresarlo a un espacio pensado para personas adultas.
De hecho, las propias autoridades de salud en México han señalado que niñas, niños y adolescentes requieren atención especializada y que no deben recibir atención residencial en establecimientos que funcionen únicamente bajo modelos de ayuda mutua.
Pero la pregunta se vuelve todavía más difícil cuando hablamos de adolescentes que no están ahí por una adicción.
¿Qué rehabilitamos cuando el problema era que una familia no podía cuidar?
¿Qué tratamiento necesita alguien cuyo principal problema es que dejó la escuela?
¿Qué hacemos cuando detrás de un adolescente hay violencia, abandono, pobreza, consumo de sustancias dentro de su familia o simplemente personas adultas que ya no saben cómo acompañarlo?
Muchas veces hablamos de estas situaciones preguntando qué hizo el adolescente.
Pero detrás de un adolescente que llega a una institución también hay personas adultas, familias, escuelas, sistemas de salud e instituciones públicas que, por distintas razones, no lograron construir otra respuesta.
Y entonces aparece el anexo.
No necesariamente porque sea el lugar adecuado para ese adolescente, sino porque es el lugar que estaba disponible.
No queremos decir que todos los anexos sean iguales, ni que ninguna persona pueda necesitar atención residencial por consumo de sustancias.
El problema aparece cuando estos espacios empiezan a ocupar el lugar de muchas otras cosas que deberían existir alrededor de una persona adolescente.
Un anexo no sustituye una escuela.
No sustituye atención psicológica especializada.
No sustituye una familia o una red de cuidados.
No sustituye espacios seguros para convivir con otras personas de su edad.
Y tampoco sustituye un plan para que esa persona pueda regresar algún día a vivir fuera de una institución.
Por eso, desde Semillas de Paz, no queremos empezar preguntando cómo “rehabilitar” a los adolescentes con quienes estamos trabajando.
Queremos empezar preguntando qué necesita cada uno.
Porque no necesitan lo mismo.
Estamos conociendo sus historias y sus circunstancias para entender qué derechos necesitan ser atendidos y qué caminos podemos construir alrededor de cada adolescente.
Uno de los primeros temas que encontramos fue la educación.
Actualmente trabajamos para construir alternativas que permitan que quienes están fuera de la escuela puedan retomar sus estudios o comenzar procesos de alfabetización cuando sea necesario.
Pero queremos avanzar también hacia atención psicosocial adecuada para su edad, actividades y espacios pensados para adolescentes, fortalecimiento de sus vínculos familiares cuando sea posible y seguro, acompañamiento jurídico cuando se requiera y, eventualmente, planes individuales para su salida.
Porque hay una pregunta que no podemos dejar para el final:
¿qué pasa cuando salgan?
Si un adolescente pasa meses o años dentro de una institución, pero sale sin escuela, sin herramientas, sin atención a lo que vivió, sin una red que pueda acompañarlo y sin posibilidades reales de construir un proyecto de vida, entonces haber tenido un lugar donde dormir nunca fue suficiente.
Proteger a una niña, niño o adolescente no significa solamente mantenerle lejos de un peligro.
También significa crear las condiciones para que pueda crecer.
La ley mexicana reconoce que niñas, niños y adolescentes tienen derecho a vivir en familia, a la educación, a la salud, a participar en las decisiones que les afectan y a desarrollarse en condiciones de bienestar. Cuando esos derechos no pueden garantizarse dentro de su familia, la obligación de protegerlos no desaparece.
También tenemos que hablar de familias que necesitan apoyo antes de llegar al límite. De escuelas capaces de detectar cuando un adolescente desaparece de las aulas. De servicios de salud mental accesibles. De tratamientos adecuados para quienes sí tienen problemas de consumo. De alternativas de cuidado para quienes no pueden permanecer con sus familias. Y de instituciones que realmente puedan trabajar juntas.
Sobre todo, tenemos que dejar de pensar que cuando encontramos un lugar donde colocar a un adolescente el problema quedó resuelto.
¿Qué dejamos de hacer las personas adultas y las instituciones para que éste terminara siendo el único lugar que encontramos para él?





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